Entre bastidores de Échappées Belles en Chile
Marzo de 2022 quedará para siempre como uno de los recuerdos más hermosos de mi vida en Chile.
Durante casi tres semanas tuve la suerte de participar en el rodaje del programa francés Échappées Belles como asistente de producción. Fue una experiencia humana extraordinaria que me permitió descubrir todo el trabajo que hay detrás de uno de los programas de viajes más populares de Francia y, al mismo tiempo, redescubrir mi país de adopción.
Para entender cómo terminé formando parte de esta aventura, hay que volver al inicio de la pandemia.
Dos años con el turismo paralizado
Como ocurrió en gran parte del mundo, el turismo en Chile se detuvo de forma abrupta con la llegada del COVID-19. El país vivió uno de los toques de queda sanitarios más largos del mundo, desde marzo de 2020 hasta septiembre de 2021. Las fronteras permanecieron cerradas durante meses y la recuperación del turismo comenzó lentamente a finales de 2021. No fue hasta 2023 cuando el sector volvió a acercarse a la normalidad.
Como muchos profesionales del turismo, tuve que reinventarme. Trabajé como conductor de Uber, colaboré en la venta de productos turísticos por internet e incluso me convertí en guía turístico virtual gracias a HEYgo, una plataforma británica que ofrecía visitas guiadas en directo desde distintos rincones del planeta. A pesar de que nadie podía viajar, seguía teniendo la oportunidad de mostrar Valparaíso y Chile a cientos de personas conectadas desde todo el mundo.
Fue una experiencia muy diferente, pero también muy enriquecedora.
La llamada que lo cambió todo
Unas semanas antes del rodaje recibí la llamada de mi amigo Thomas Poussard, fundador de Chile Private Tours.
Thomas había colaborado con la producción en la preparación del itinerario del programa por Chile. Sin embargo, el asistente de producción previsto dio positivo por COVID pocos días antes del viaje y era necesario encontrar rápidamente a alguien que pudiera reemplazarlo.
—«¿Te interesa?»
No necesité pensarlo dos veces.
Mi respuesta fue un sí inmediato.
Pocos días después me unía al equipo formado por Jérôme Pitorin, el director Erwan Loussot, el ingeniero de sonido Sven Etcheverry… y yo, completamente novato en el mundo de la televisión.

Desde el primer momento me hicieron sentir parte del equipo. Mis tareas eran muy variadas: reservar hoteles, coordinar las reuniones con los protagonistas del programa, traducir entre el francés y el español, conducir el vehículo de producción y ayudar con toda la logística del rodaje.
Y, para mi sorpresa, también me confiaron el presupuesto de producción.
Después de dos años especialmente difíciles para el turismo, durante los cuales había contado cada peso para salir adelante, de repente me encontraba administrando varios miles de euros. No pude evitar sonreír ante la ironía de la situación.
Antes incluso de que llegara el equipo desde Francia, recibí el famoso «conducteur», el documento de trabajo que utiliza todo el equipo durante un rodaje. Allí estaba detallado el programa día por día: horarios, desplazamientos, hoteles, contactos, entrevistas y cada una de las escenas previstas.
Al descubrir el itinerario comprendí que íbamos a recorrer algunas de las regiones más hermosas de Chile: Valparaíso, la Araucanía, la Región de Los Lagos y el archipiélago de Chiloé.
Valparaíso, donde todo comienza
Nuestra aventura comenzó, naturalmente, en Valparaíso, la ciudad donde vivo y trabajo como guía.
Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, Valparaíso enamora por sus coloridas casas construidas sobre los cerros, sus históricos ascensores, su arte urbano y esa atmósfera bohemia que la hace única.
Para esta primera etapa conocimos a Cristian Gómez, chef del restaurante Circular, quien nos abrió las puertas de la gastronomía porteña. Fue la ocasión perfecta para degustar uno de los platos más emblemáticos del país: el Caldillo de Congrio, una deliciosa sopa de congrio inmortalizada por Pablo Neruda en una de sus famosas odas.
Después de tantos años mostrando esta ciudad a viajeros de todo el mundo, verla convertirse en el escenario de un episodio de Échappées Belles fue una emoción muy especial.
En el corazón del territorio mapuche
Nuestra siguiente parada fue Temuco y la Región de la Araucanía, el territorio histórico del pueblo mapuche.
La palabra Mapuche significa literalmente «gente de la tierra» (mapu = tierra, che = gente). Se trata del principal pueblo indígena de Chile, presente en el sur del país desde hace más de dos mil años y cuya identidad cultural sigue muy viva.
Uno de los encuentros más memorables del viaje fue con François Barreau, un francés instalado desde hace años en Curarrehue. Casado con una mujer mapuche y plenamente integrado en la comunidad, participa en sus ceremonias y trabaja activamente en la conservación de los bosques de araucarias, árboles sagrados y emblemáticos de la región.
Junto con otros habitantes creó Rutas Ancestrales Araucarias, un proyecto que combina turismo comunitario, cultura mapuche y protección del patrimonio natural.
Fue uno de los momentos más intensos del rodaje. Después de tantos años viviendo en Chile, seguía descubriendo aspectos del país que aún no conocía.
La Región de Los Lagos
Nuestro viaje continuó hacia Puerto Varas, una de las ciudades más hermosas del sur de Chile.

Situada a orillas del lago Llanquihue y dominada por la silueta perfecta del volcán Osorno, ofrece un entorno espectacular para los amantes de la naturaleza y los deportes al aire libre.
Allí conocimos a Paz Gajardo, deportista chilena especializada en aguas bravas, quien acompañó a Jérôme Pitorin en una emocionante experiencia de rafting por los rápidos de la región.
Fue una jornada llena de adrenalina, pero también una magnífica oportunidad para mostrar la increíble riqueza natural del sur chileno.
Chiloé, un Chile diferente
La última etapa del viaje nos llevó al archipiélago de Chiloé.
Cada vez que cruzo el canal de Chacao tengo la sensación de entrar en otro país.
Su identidad insular, sus tradiciones, sus leyendas, sus iglesias de madera declaradas Patrimonio Mundial por la UNESCO y sus famosos palafitos construidos sobre pilotes convierten a Chiloé en un lugar único en Chile.
Durante el programa también descubrimos el tradicional curanto, una antigua preparación culinaria donde mariscos, carnes, embutidos y papas se cocinan lentamente bajo tierra sobre piedras calientes.
Chiloé posee un ritmo de vida diferente, profundamente ligado al mar y a las tradiciones. Incluso muchos chilenos dicen que visitar el archipiélago es descubrir «otro Chile».
Una experiencia inolvidable
Esta aventura marcó profundamente mi vida.
Llegó en un momento especialmente complicado para el turismo y me permitió reencontrarme con aquello que más me apasiona: viajar, descubrir y compartir.
También me hizo descubrir el enorme trabajo que existe detrás de una producción televisiva y conocer a un equipo humano extraordinario.
Jérôme Pitorin es exactamente la misma persona delante y detrás de las cámaras: cercano, curioso, sencillo y profundamente respetuoso con las personas que conoce. Esa autenticidad es, sin duda, una de las razones por las que Échappées Belles transmite tanta humanidad.
Pero, sobre todo, este viaje me recordó algo muy importante: después de más de quince años viviendo en Chile, este país sigue sorprendiéndome. Siempre hay un nuevo paisaje, una nueva historia o una nueva persona capaz de emocionar.
Y quién sabe... quizás algún día Échappées Belles regrese para dedicar un episodio a la Patagonia chilena.
Si ese día vuelven a necesitar un asistente de producción…
¡Pueden contar conmigo!








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Los cerros, los ascensores y el arte urbano de Valparaíso: la primera etapa del episodio chileno.





